Los clásicos de siempre, mejores que nunca
Nuevas formulaciones, mejoras en los ingredientes y procesos de cocina más precisos se combinan para potenciar la temperatura, la jugosidad, la textura y el sabor de nuestras hamburguesas más emblemáticas.
Nuestros productos evolucionaron sin perder la esencia que los convirtió en los favoritos de millones de personas. Hoy, llegan a la mesa más jugosos, más calientes y con aún más sabor.
Llegar a este resultado implicó un trabajo conjunto de Operaciones, Entrenamiento, Mantenimiento, Calidad, Supply Chain, Tecnología, Marketing y Comunicaciones. En equipo, llevamos adelante pruebas de producto, evaluaciones sensoriales, simulaciones en restaurantes e instancias de capacitación para validar cada mejora y lograr que los pequeños cambios generen una diferencia que se perciba en cada bocado.
La calidad empieza en el origen
Nuestro compromiso con la calidad comienza mucho antes de que los ingredientes lleguen a nuestros restaurantes. En Argentina, el 95% de la materia prima que utilizamos proviene de proveedores argentinos certificados, con quienes trabajamos bajo altos estándares de calidad, seguridad alimentaria y trazabilidad.
Ese mismo nivel de exigencia continúa en nuestros restaurantes, donde revisamos y ajustamos cada etapa de la preparación. Uno de los principales focos estuvo en la cocción de la carne, con el fin de lograr hamburguesas más jugosas y a la temperatura ideal. Para eso, realizamos calibraciones específicas en las parrillas, ajustamos las cantidades máximas por tanda y cocinamos la carne de acuerdo con la demanda de cada momento.
El pan también fue una parte importante de esta evolución. Desarrollamos nuevas formulaciones para los panes Regular, Quarter y Big Mac.


Pequeños cambios, una gran diferencia
Ahora colocamos la cebolla directamente sobre la carne en la parrilla, para que los sabores se integren durante la cocción. Atemperamos el queso antes de utilizarlo, lo que nos permite alcanzar una temperatura adecuada y lograr una mejor integración al momento de armar cada hamburguesa. Además, en el caso del Big Mac, aumentamos la cantidad y la distribución de su salsa característica para que su sabor esté presente de manera más uniforme en cada bocado.
Un logro que construimos en equipo
Para hacer realidad esta evolución, fue necesario actualizar procedimientos, poner a punto los equipos y brindar diferentes instancias de capacitación. Pero, sobre todo, fue clave el compromiso y el trabajo conjunto de todas las personas involucradas.
«La calidad siempre fue parte del ADN de McDonald’s y es un compromiso que revisamos y perfeccionamos constantemente. Esta evolución que se viene realizando en nuestros clásicos es el resultado del trabajo conjunto con nuestros proveedores y nuestros equipos en los restaurantes, cuidando cada detalle, desde el origen de los ingredientes hasta el momento en que cada hamburguesa llega a la mesa de nuestros clientes», señaló Fernando Arango.



Hoy podemos decir que ofrecemos los clásicos de siempre, mejores que nunca.
